reborn-tree
photo under creative commons license, courtesy of Diogenes el Filosofo at flickr.
Entre más camino más regreso al jugo de naranja en bolsa de mi pasado, y la fruta con chile en el colegio, momentos que son lugares sólidos y palatables con una sonrisa y un descubrimiento que ya nunca jamás, y sirveme otra mi rey.  O talvés muero de una infección en la memoria obtenida en el paredón de mi suerte inmunda.  Sea como sea, muero allá porque vivo aquí, y este hoy es un momento latente y vivo, y no solo un lugar fugaz, que será digno de nombrarse en el día del colesterol fatídico.  Como dicen en mi tierra “sube vieja gorda con canasta y bola de hijos!” o hacedme un pedacito de cielo en mi sillita de palo, suelto como aquel banquito movil y vibrante utilizado en los colectivos de mi tierra, por tan solo un méndigo peso mas.  Moved el trasero ahora estadounidense para este nalgón que vive y revive ya extranjero.

Definitivamente morí en una tierra dura, de limón y sal, entre delirios y desencuentros.  No pude dejar el cadáver y cargo el fiambre a la espalda con todos sus kilos e indecencias.  Al menos hasta poder entregarlo al otro conductor que me llevará, vieja gorda, en su camión saltarín para finalizar mi limpieza y descanso.  Yo aquí estoy ahora para vivir el exceso de alegría y las catacumbas del sueño lindo que se hace caminito al lado de los que son mis compañeros, que ya me aman mas allá del visible cuero y sus desgracias.  No se memorialice mi muerte.  Yo lo he hecho ya hace años, y bastante, pues ahora vivo, de cierto vivo.  Viví el pasado a pesar y por sobre todo, y a pesar de todos, haciéndome espacio en el camión de tantos con mi gran nalga infinita.

Me he acostumbrado tanto a cargar este costal de huesos que el día menos pensado, cuando lo pierda, lo lloraré sin ojos ni lagrimas.  Cuando la gente volteé a verme fijamente y solo haya transparencia, ese día será el día que se me verá solo en recuerdos, que bueno que era el Don. Las memorias usualmente se traslapan, cambian, ajustan y pocas veces reflejan la realidad.  Y no quiero decir que mi presencia en cuerpo presente indique mucho de la verdad ni mucho menos, pero al menos el ojo y el oído invitan a renovar el recuerdo, y el día que ya mas no se me vea u oiga, ese día me disipare como azúcar en mi café tan fuerte y aromático.  Y entonces vendrán los recuentos de que hice con el tiempo y el cuerpo que tuve, y que haré ahora sin él, sin mi, sino disfrutar la libertad de dolores y enfermedades eternas.

Por lo pronto vivo dos veces, y grande y glorioso sea el momento de mi nuevo destino, recipiente de alegría abundante, a mano de nuevos y con el pasado a veces recordado. Si se culpara a alguien de mi vida, que sea el nuevo concierto de ángeles de mi tierno presente, portento del tiempo, hasta aquel día en que el nuevo sea otra vez incorporeo. Pero nunca moriré, pues ya morí hace no se ya cuanto tiempo. Se vive dos veces, pero muerte, muerte solo una, y a mi ya no me inviten a jugar ese tedioso juego.

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